Por Lic. Jorge Scalise (jscalise@unsam.edu.ar).- En nuestro país, algunos referentes del sector turismo niegan aún los posibles efectos de este tsunami financiero en nuestra actividad. Lo hacen en algunos casos para no despertar el pánico y con la loable intención de no caer en la famosa profecía autocumplida.
La pregunta del millón
¿Puede haber un efecto significativo sobre el turismo en Argentina por causa de la crisis financiera internacional?. Sugiero tratar por separado los turistas no residentes (coloquialmente, “los extranjeros”) y ocuparnos luego a los residentes.
Los turistas no residentes se movilizan en función del tipo de cambio, por las ventajas competitivas y últimamente, por cuestiones de seguridad en el país de destino. Pero también lo hacen en función del tipo de cambio y de la situación económica y de sus expectativas en el país de origen.
En el año 2007 entraron al país por Ezeiza 2.295.866 turistas, que gastaron u$s 3.033 millones. Se quedaron un promedio de 13.61 días. De ese total, el 24% provino de Europa, el 21%, de Brasil y el 15% de Estados Unidos y Canadá. Hoy, las estadísticas disponibles para el turismo - como la Encuesta de Turismo Internacional del INDEC - no indican señales de alarma, pero es muy difícil que esto se perciba en forma inmediata.
Los turistas no residentes planean sus viajes a destinos lejanos como el nuestro con mucha anticipación, en todo caso desde antes de la hecatombe financiera. Basta leer los titulares de los diarios para advertir que este tsunami financiero afecta la situación económica de los residentes de nuestros principales países emisores.
¿Qué pasará con los argentinos?
El gasto en viajes de los residentes se mueve exclusivamente en función del bienestar de la población, entendiendo por tal, un conjunto de variables como la ocupación, el salario real, el crecimiento de la economía, las expectativas económicas y los precios en los destinos.
El lector puede agregar otras variables, luego de lo cual le dejamos el ejercicio de predecir y cuantificar la evolución de las mismas en los próximos meses/años y determinar sobre cuáles de ellas tiene posibilidades de actuar.
Según una encuesta finalizada en el año 2007 por el INDEC y que corresponde al total de aglomerados urbanos de más de 100.000 habitantes que abarcan el 65% de la población total del país, 8.6 millones de personas realizaron viajes y 5 millones realizaron excursiones de un día en un período de 12 meses. El 93.1% de esos viajes se realizaron dentro del territorio argentino y representaron un total de 133 millones de pernoctes. El gasto por pernocte fue de $47.8 a precios de abril del año 2007, lo que arroja un resultado.
Primera conclusión
El turismo interno es económicamente más importante que el turismo internacional, por más que este último esté rodeado de un mayor glamour y suela medirse en divisas que no siempre llegan íntegramente al país. Y esto es así incluso en países como Francia, España o Estados Unidos.
Tenemos finalmente un turista no residente que viene de países fuertemente castigados por la crisis; un turista residente que comienza a oír hablar de desocupación, suspensiones, retracción económica, y por si esto fuera poco, un destino competidor como Brasil, cuya devaluación se presenta como amenaza múltiple. No sólo es posible que provoque una invasión de productos importados como ya se ha encargado de denunciar la Unión Industrial Argentina - ante lo cual se tomaron medidas aduaneras para tratar de minimizar el daño -, sino que también genere una eventual salida de turistas argentinos.
Segunda conclusión
Entendemos que se avecina una “ralentización” notable de la actividad turística en los próximos meses. Y que este efecto no será homogéneo en todo el país. Aquellos destinos con mayor afluencia de turistas extranjeros se comportarán probablemente de manera distinta (ni mejor ni peor) que los destinos con mayoritaria presencia de argentinos.
También los de alta gama tendrán consecuencias diferentes a los más modestos. Aquellos que reciben turismo de negocios tendrán un comportamiento diverso al de sol y playa. Pero algo es seguro: muchas cosas se van a transformar y es perentorio discutir y reflexionar sobre ello.