
Los campamentos del Rally Dakar 2009 parecen ciudades nómades o aldeas que se trasladan de un lugar a otro.
Con carpas de distintos tamaños donde más de 2.000 corredores, mecánicos, asistentes, organizadores y periodistas comen a las apuradas, duermen lo que pueden y dejan el lugar levantando nubes de polvo al amanecer.
Ayer en la "aldea Dakar" montada en Santa Rosa, de más de 15 manzanas de extensión, comenzó antes del alba, con mecánicos casi recién acostados después de arreglar desperfectos o cambiar repuestos con manos de cirujano y pilotos con el entusiasmo intacto que arrancan la primera etapa de cada día, la del desayuno, cumplida cuando quedan todavía restos humeantes de las fogatas de la noche.
Ayer en la "aldea Dakar" montada en Santa Rosa, de más de 15 manzanas de extensión, comenzó antes del alba, con mecánicos casi recién acostados después de arreglar desperfectos o cambiar repuestos con manos de cirujano y pilotos con el entusiasmo intacto que arrancan la primera etapa de cada día, la del desayuno, cumplida cuando quedan todavía restos humeantes de las fogatas de la noche.
Café con leche, frutas frescas, ensaladas de frutas, fideos con queso y estofados de carne van consumiéndose en el área de comedores a donde van todos por igual.
Después empieza la partida. Eso sí, antes por las dudas tomaron su bolsa de provisiones con paté, pollo con arroz en lata, barra de cereales, frutos secos, pasas de uva, papas fritas, galletitas saladas, queso blando, junto de naranja y, como si fueran colegiales a estudiar, un alfajor. Los motociclistas son los más agradecidos, por ser también los más desguarnecidos.